Crónica Ascenso "El Peñón"
 
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Crónica Ascenso "El Peñón"
 
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¡¡¡ Mi primer aventura andinista !!!
Por fin... se terminó la espera; el gran día... ha llegado; así es... la conquista de la hermosa cumbre de “El Peñón” está muy cerca; deseamos de todo corazón que todo lo que hagamos en nuestra primera actividad andinista, como futura Asociación Luciana de Andinismo, se realice de una forma ordenada, tranquila y sin inconvenientes que puedan afectar el espíritu andinista de éste buen grupo de compañeros de trabajo.

Atrás han quedado todos los e-mails que se enviaron a los compañeros, las tarjetas de invitación de ascenso a la cumbre, que se entregaron personalmente; incluso, el esfuerzo titánico que se realizó un día antes, para conseguir agentes de seguridad, ya que, era uno de los elementos primordiales para éste viaje.

Son las 06:35 de la mañana del 20 de octubre del 2,006; vamos saliendo de Ingenio La Unión, en el bus que amablemente nos proporcionó para éste viaje; aunque llevamos 35 minutos de retraso, según nuestro tiempo programado, también llevamos el entusiasmo de vivir nuevas aventuras en el ascenso de la cumbre.

Son las 07:15 de la mañana, ya todos los compañeros andinistas Lucianos hemos abordado el bus y estamos frente a la base militar de nuestra amada Santa Lucía Cotzumalguapa, esperando tres elementos militares, que el Capitán Constanza (Comandante de la base militar) nos asignará para protección del grupo.

Son las 07:30 de la mañana, y a Dios gracias, vamos saliendo de Santa Lucía Cotzumalguapa, rumbo a nuestro municipio vecino Siquinala, donde abordarán más compañeros andinistas, nuestro guía para éste ascenso (que cuenta con una amplia experiencia en el ascenso de ésta cumbre, la historia de Siquinala, anécdotas relacionadas con la cumbre y también formó parte de los Boy’s Scout por varios años) y el agente de la P.N.C. que nos asignará el Oficial tercero Monzón, Jefe de la sub-estación de la P.N.C. en Siquinala.

Son las 08:00 de la mañana y por fin, estamos completos; somos 38 alegres compañeros andinistas que salimos de Siquinala y nos vamos en busca de cumplir con nuestro desafío: CONQUISTAR LA CUMBRE DE EL PEÑÓN. Dejamos el centro de la bonita Ciudad de Siquinala y nos adentramos en una calle de terracería en regulares condiciones, al mismo tiempo, podemos contemplar los árboles frutales que están a las orillas del camino (mangales, naranjales, cushinales, platanares, etc...) y a nuestra derecha... podemos contemplar la hermosa figura de “El Peñón”... diciéndonos: “aquí estoy.... vengan por mí...”.

Son las 08:30 de la mañana, llegamos donde inicia la Finca “Las Palmas”, allí es donde dejaremos el bus e iniciaremos nuestra caminata de ascenso a la cumbre. Nos bajamos del bus y hacemos un círculo para escuchar las recomendaciones del Sargento (caminar en fila india, a paso regular, como son tres elementos de seguridad, uno irá al frente, otro en medio y el otro al final de la fila); así mismo escuchamos atentamente las recomendaciones del compañero Carlos Ruiz (no desviarnos del camino que lleva el grupo, si nos queremos detener a tomar fotos avisar al grupo para detenernos todos) y por último, todos hacemos una oración, para encomendarnos al Creador del universo.

Iniciamos a paso algo ligero y transcurridos 10 minutos, ya debemos superar un pequeño desafío: cruzar un río con poca agua, pero usando solamente las piedras que sobresalen del nivel del agua, lo que representa una pequeña dificultad para la mayoría de compañeras, ya que, las piedras no están alineadas, ni a la misma altura... y... oh... sorpresa... ya tenemos las primeras caídas: dos de las compañeras no logran apoyarse bien en una de las piedras y se resbalan, sin sufrir daños físicos, solamente la aventura y el honor de ser las primeras con una anécdota para recordar.

Poco a poco nos adentramos en una fresca, aunque un poco mal oliente arboleda, por los árboles de hule y el proceso de extracción a la que ya están expuestos. Seguimos nuestro ascenso y cruzamos un pequeño bosque húmedo y frondoso; llegamos a una pequeña planicie donde se observan rastros de siembra de maíz (por los surcos y pequeños troncos de maíz) y siempre a nuestro costado derecho, la hermosa figura de “El Peñón”, diciéndonos: “no se detengan, sigan, sigan... que muy pronto subirán...”.

Llegamos a otra arboleda, formada nuevamente por árboles de hule, pero sin incisiones para extraer el hule, por lo que, se siente un rico aire puro; logramos divisar entre los árboles, dos montículos de tierra formados por gruesos ladrillos, llegamos hasta uno de ellos y el guía nos agrupa y nos explica que ese lugar en un principio fue una hermosa iglesia católica que más tarde se convirtió en un pequeño hospital, pero poco a poco fue abandonado, hasta convertirse en lo que hoy es... dos orgullosos montículos de tierra como testigos de un hermoso pasado.

Aprovechando la oportunidad, el guía nos explica brevemente la historia del Municipio de Siquinala; diciéndonos que en un principio, éste Municipio era una aldea más de nuestro Municipio (Santa Lucía Cotzumalguapa); después, pasó a formar parte del Municipio de Escuintla, pero con el tiempo, logró ser un Municipio independiente.

Después de esto, nos contó una de las anécdotas del encantamiento de la cumbre, diciéndonos: hace muchos, muchos, pero muchos años, a un joven que se llamaba Juan Sic, y vivía por éstos lugares, se le enfermó su mamá, y en horas de la tarde salió rumbo a Escuintla, a comprar medicinas para que su mamá sanara; se fue por las veredas de éstas montañas, pero al llegar la noche, no pudo seguir caminando por miedo a los animales que habitaban éstos lugares; buscó refugio en una cueva, pero al llegar al lugar donde él consideró refugiarse, encontró un gran portón de madera; al empujarlo, en su interior había una mesa muy larga con varias sillas, y un hombrecito que lo invitó a entrar; ya adentro vio varias hermosas mujeres (como las que nos acompañan en ésta oportunidad, dijo) que le dieron comida y bebida; después de comer y beber, le tendieron una manta en el suelo (su cama) para que descansara y se quedó dormido. Con la penumbra del amanecer, despertó, y junto a él, estaba el hombrecito con una bolsa en la mano y le dijo: toma, con esto, seguramente se curará tu mamá; se despidieron y Juan Sic se dirigió de regreso a su casa, con la medicina que aquel amable hombrecito le había dado para que su mamá sanara. Conforme iba llegando a su casa, miraba que todo había cambiado; más casas, menos árboles, nueva gente, etc... hasta que llegó a su casa; afortunadamente su mamá ya estaba curada, pero la veía un poco más anciana, vio que sus hermanos ya estaban más grandes y su mamá le preguntó: ¿dónde te habías metido querido hijo mío?, tu padre, tus hermanos, tus amigos y yo, te anduvimos buscando por varios lugares y como no te encontramos, ya te habíamos dado por muerto, pero qué bueno que después de ocho años hayas aparecido; entonces Juan Sic le dijo que sólo una noche había pasado fuera de la casa y que había sido la noche anterior, cuando ella se había enfermado y él había salido a buscar su medicina, le contó la historia del portón de madera, el amable hombrecito, las hermosas mujeres y la bolsa con medicina que le traía de regreso; al abrir la bolsa, en vez de medicinas, lo que traía eran doblones de oro (moneda de ésa época).

Otra forma de perderse en ésta cumbre (nos indicó el guía), es que si se mira alguna gallina con pollitos y se siguen, termina perdiéndose uno.

Luego de esto, seguimos con nuestro alegre ascenso, subimos una escalera que está en el monte, formada por 86 peldaños... uf..., qué agotador... llegamos a una planicie boscosa y decidimos descansar por 15 minutos para reponernos de la subida de la escalera, ingerir un poco de alimentos (desayuno) e hidratarnos con líquidos; así mismo, contemplamos las bellas llanuras que forman las faldas del volcán de fuego y el de agua y a lo lejos se pueden divisar las chimeneas del Ingenio Los Tarros, hermano de nuestro Ingenio La Unión.

Transcurridos los 15 minutos, nuestro guía nos dice que subiríamos a la cueva llamada “de los brujos”, ya que a ese lugar llegan chamanes del altiplano de nuestro bello país a realizar ceremonias espirituales. Ese lugar se encuentra bastante cerca de dónde nos encontramos, pero por ser un pequeño ascenso, nos tardaremos como 30 ó 45 minutos; así pues, seguimos con el ascenso, siempre con el gran entusiasmo que llevábamos. Cruzamos unos matorrales y se detiene el grupo... ¿por qué se detendrá? nos preguntamos varios que íbamos de último, y era porque, se tenía que escalar un tramo con terreno algo arenoso, donde las compañeras podrían resbalar y lastimarse, entonces, los compañeros que iban encabezando el ascenso, prepararon ese tramo tendiendo cuerdas, con las que las compañeras lograron subir satisfactoriamente.

Ahora, orgullosamente, podemos contemplar tan de cerca, como hasta tocar con nuestras manos, la superficie rocosa de “El Peñón”, así como contemplar la hermosa vista hacia la arboleda de las faldas de los volcanes de agua y fuego; se lograba divisar una columna de humo entre los árboles, pero nos dijeron que no nos alarmáramos, que no era un incendio, sino que, aproximadamente, allí quedaban las hermosas cataratas y que probablemente había personas acampando en ese lugar y que por acercarse el medio día, estaban preparando sus almuerzos.

Luego de 5 minutos, continuamos, porque para llegar a la cueva, nos hace falta avanzar unos metros. Después de un par de minutos, llegamos a la gran cueva de “Los Brujos”, la cual es un gran paredón de roca ahumada por las candelas de varios colores colocadas por los chamanes en sus ceremonias espirituales, también hay cera de las candelas derretidas y a la derecha, una figura como de 2.50 metros de altura, del diablo. Nos reunimos todos frente al paredón, contemplando y respetando lo que para muchos son altares sagrados. El guía nos explica que aquí vienen los chamanes a elevar oraciones para que los espíritus protejan a sus familias, sus cosechas y sus negocios; aunque, también hay otros que piden cosas malas (con el cachudo); nos explica, también, que en unos hoyos de forma cuadrada, que hay en la tierra, enfrente del paredón sagrado, entierran gallinas vivas, de plumas negras, dejándoles sólo la cabeza de fuera, la que después de una ceremonia espiritual, es cortada y el pescuezo tira su sangre por todos lados, no se sabe exactamente qué hacen con el cuerpo y las plumas de la gallina, ya que no se han encontrado sus rastros.

Después de unos minutos de tomarnos fotografías y contemplar éste lugar, iniciamos el retorno a casa... ¿el retorno a casa?... nos preguntamos varios compañeros, ¿no que llegaríamos a la cima de el peñón?... murmuraron varios compañeros; entonces nos informaron que la cumbre estaba muy desforestada por un incendio que lamentablemente hace pocos días había consumido la vegetación de la cima y una gran parte antes de llegar a la cima, lo que hacía imposible llegar a la cumbre; ante esto, con gran desilusión descendíamos, sin haber cumplido nuestro gran objetivo: CONQUISTAR LA CUMBRE.

Varios compañeros veníamos desilusionados, hasta que llegamos a la planicie boscosa donde habíamos descansado anteriormente, dialogamos con el guía y se llegó a un acuerdo de dividir el grupo en dos: los que haríamos el intento de llegar a la cima y los que se irían a una montañita llamada “montaña rusa”, y después, al río que habíamos pasado, para que nos esperaran allí.

Así pues, formados los dos grupos, al grupo que haríamos el intento por llegar a la cima, el guía nos encaminó hasta donde hay unas escaleras de hierro empotradas en la roca de El Peñón (después de un ascenso agotador en terreno muy inclinado, ayudados únicamente con raíces de los árboles y plantas pequeñas); al llegar a éste punto, el grupo se volvió a dividir en dos, ya que se pudo observar que el reto era netamente adrenalina pura: ascender por paredones enormes, ayudados únicamente con las escaleras empotradas en la roca y dos cuerdas que llevábamos. Fuimos subiendo uno por uno, lenta y cuidadosamente, sintiendo cómo la adrenalina corría por nuestros cuerpos; pasamos las escaleras y subimos un tramo ayudados con una cuerda; mientras el otro grupo que optó por ya no seguir subiendo, se regresó, junto con el guía, a reunirse con el otro grupo que se había quedado en la planicie boscosa e ir a la montañita llamada “montaña rusa” y después a esperarnos en el río.

Mientras tanto, en el grupo de ascenso, seguíamos con la ilusión de llegar a la cumbre; ilusión que sólo quedó en eso... una ilusión... ya que, se nos hizo imposible continuar porque el terreno estaba demasiado arenoso y frágil, y nosotros, sin el equipo necesario para este gran desafío, y el peligro de que alguno sufriera algún accidente grave, optamos por declarar que hasta esa altura (aproximadamente a 20 ó 30 metros de la cima) era que llegaríamos; después de descansar por unos 15 ó 25 minutos, tomarnos fotografías y admirar el bello paisaje, iniciamos lenta y cuidadosamente el descenso; al lograr bajar todo el paredón, el descenso fue más rápido.

Llegamos hasta el río, en cuestión de 25 minutos, donde se encontraba el otro grupo, ya almorzando; almorzamos nosotros también, y después de un breve descanso de 30 o 45 minutos, iniciamos el retorno al bus; y de allí, aproximadamente a las 2 de la tarde, retornamos al Municipio de Siquinala, donde bajaron algunos compañeros andinistas y el agente de la P.N.C. que nos brindó seguridad; allí le agradecimos al Oficial Tercero de apellido “Monzón”, su apoyo en seguridad para éste viaje.

Después de 15 minutos aproximadamente, llegamos a nuestra amada Santa Lucía Cotzumalguapa, donde dejamos en la base militar a los tres elementos castrenses que nos brindaron seguridad; allí le agradecimos al Capitán Constanza, por su valioso apoyo en seguridad para éste viaje.

Después de dejar a los compañeros lucianos, nos dirigimos a Ingenio La Unión, donde se dio por terminada ésta grata aventura andinista de ascenso a la cumbre de “El Peñón”, la que, aún queda pendiente para un próximo ascenso...
 

AGRADECIMIENTOS A
El Creador del Universo por protegernos en todo momento.

Ing. Oscar Ernesto Hernández Gálvez (Coordinador de Transportes Ingenio La Unión, S.A.) por apoyarnos con el transporte.

Sr. Manuel Guzmán por ser el guía del ascenso a la cumbre.

Compañeros andinistas en éste ascenso, por su sistencia, entusiasmo y colaboración
logrando que éste ascenso haya sido exitoso.
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